Santo Domingo.

Durante meses, muchas familias dominicanas habían comenzado a sentir cierta estabilidad después de años marcados por pandemia, inflación global y aumentos constantes en alimentos y combustibles. Pero abril trajo una señal que preocupa tanto a economistas como a hogares: el costo de vida volvió a acelerarse.


El Banco Central informó que la inflación interanual subió a 5.11 %, impulsada principalmente por el aumento en combustibles y transporte. La cifra rompe una racha de 35 meses dentro del rango meta oficial.


Para una familia promedio, el dato no se traduce en porcentajes. Se traduce en decisiones pequeñas y silenciosas: usar menos el vehículo, reducir salidas, posponer compras, cambiar marcas en el supermercado o depender más del crédito.


El problema no es solo que los precios suban. Es que muchos hogares sienten que sus ingresos ya estaban agotados antes de esta nueva presión.


Cuando la economía crece, pero el hogar no lo siente

República Dominicana mantiene uno de los mayores ritmos de crecimiento económico de América Latina. El turismo sigue fuerte, las remesas mantienen dinamismo y diversos organismos proyectan expansión económica para 2026.


Sin embargo, la experiencia cotidiana de muchas familias parece ir en dirección contraria.

Un análisis reciente sobre salarios y costo de vida reveló que la canasta básica nacional ronda los RD$48,879 mensuales, mientras que más de la mitad de los trabajadores formales gana entre RD$15,000 y RD$30,000.


La distancia entre economía macro y economía doméstica se ha convertido en una de las principales tensiones sociales del país.


En sectores urbanos como Santo Domingo, la situación se vuelve todavía más compleja. El costo de la vivienda y los alquileres continúa subiendo, mientras muchas familias destinan una parte creciente de sus ingresos solamente a vivienda y transporte. Estudios recientes señalan aumentos acumulados en alquileres cercanos al 17 % en cinco años.

Eso modifica profundamente la vida familiar.


No se trata únicamente de “apretarse”. Se trata de menos ahorro, más ansiedad financiera y menor capacidad para enfrentar emergencias.


El transporte vuelve a convertirse en el centro del problema


El Banco Central explicó que el mayor peso de la inflación reciente vino del grupo transporte, especialmente por los ajustes en combustibles.

Y ahí aparece uno de los mayores desafíos estructurales para los hogares dominicanos: gran parte de la vida cotidiana depende de movilidad constante.

Ir al trabajo, llevar niños al colegio, trasladarse a consultas médicas o realizar actividades informales implica gasto diario en combustible, pasajes o motoconcho. Cuando el transporte sube, prácticamente todo el hogar se encarece.


Por eso la inflación tiene también un impacto emocional.

Las familias no solo sienten presión económica. Sienten incertidumbre. La sensación de que cualquier imprevisto —una enfermedad, una reparación del vehículo, un aumento del alquiler— puede desestabilizar completamente el presupuesto mensual.


La nueva normalidad del hogar latinoamericano


Lo que ocurre en República Dominicana refleja además una tendencia regional: economías que muestran crecimiento estadístico mientras los hogares siguen atrapados en sensación de fragilidad financiera.


La inflación ya no funciona solo como indicador económico. Se ha convertido en una experiencia emocional colectiva.

Muchas parejas discuten más por dinero. Más personas aceptan múltiples trabajos. Más jóvenes retrasan independizarse. Más madres y padres viven con la sensación permanente de estar “administrando crisis”.


Y aunque algunos precios han mostrado alivio parcial —como ciertos alimentos—, el problema estructural sigue siendo la relación entre salarios y costo real de vida.


Lo que viene ahora


El principal reto para las autoridades será evitar que esta nueva presión inflacionaria se prolongue durante el resto del año, especialmente si continúan las tensiones internacionales sobre petróleo y energía.

Pero para las familias, el reto inmediato es más cotidiano y menos técnico: reorganizar otra vez el presupuesto.

En muchos hogares dominicanos, la economía ya no se vive como una promesa de crecimiento, sino como una administración permanente de límites.